Markahuasi entre sus piedras y vestigios
arqueológicos; está en cada uno de los miles de visitantes que
invaden con sus carpas la sagrada meseta. Todos vuelven con una
explicación, todos vuelven compartiendo una misma sensación: el
asombro. Las mil caras del bosque de piedras, las lagunas encantadas
y los ojos de cielo que salpican la meseta, las chullpas y
acueductos preincaicos, el largo camino de ascenso desde el poblado
de San Pedro de Casta, el cielo increíblemente azul de sus días o
esas noches transparentes donde las estrellas parecen las fogatas de
un misterioso pueblo que habita en el cielo. Todo esto es Markahuasi.
Un lugar que atrae al más serio de los investigadores sociales como
al más alucinado peregrino en busca de contactos del “tercer tipo”.
Todos compartiendo la gran marcha de varias horas de camino desde
San Pedro de Casta hasta la meseta, con sus mochilas a cuestas
soportando el cansancio y el soroche, el calorcito de sus días y las
gélidas temperaturas de sus madrugadas.
A sólo 80 kilómetros de Lima Metropolitana, la ruta a Markahuasi se
inicia en el parque Echenique de Chosica, donde parten todos los
autobuses hasta San Pedro de Casta. En el pueblo existe una
infraestructura básica de alojamiento y comida, pero la aventura
comienza en el viejo camino de ascenso a la meseta sagrada.
Pese a que la zona es arduamente visitada desde casi veinte años,
los servicios aun dejan mucho que desear pero todo indica que ahí
está su atractivo, esa fama de aventura inolvidable que rodea todo
plan de visita a Markahuasi.
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